Es uno de esos momentos en que el asco llena mi boca, me siento frustrado, oprimido, sin salida, busco a los alrededores alternativas, pero todo se ve cerrado, inhóspito y detrás del cristal, en medio de la oscuridad solo abundan las nieblas y las sombras.
Me aferro a la ventana, al panorama, al último adiós de los que se alejan, al último sonido de los que desearía no se hubieran ido y me veo reflejado afuera, pálido, cansado, tratando de caminar, buscando a donde llegar, a una meta que cada día es más esquiva.
¿Sigo luchando?, ¿sigo agotándome?, ¿sigo deseando llegar?, en este punto me es difícil pensar, no soy de los que se rinden con facilidad, pero mis fuerzas se están acabando aunque hay nuevos motivos para seguir en lucha.
Existen hechos curiosos que en un futuro cuando se ven en retrospectiva seguramente nos darán una sonrisa. Como no recordar ver tú mirada detrás de la barra, directa, posándose sobre mí, el hecho es que no sabía realmente el motivo de la misma llevaba cinco minutos de conocerte de los cuales por lo menos dos te vi sin pestañear y tú me viste, quizás pestañeando para disimular.
Escuchaba atentamente tus palabras, miraba como sutilmente re reías de diversas situaciones que ocurrían a tu alrededor y respaldabas con una leve sonrisa los chistes malos de los que estaban contigo, eso aún lo haces conmigo, y te seguía mirando, fijamente, y aunque tu lo notabas no me decías nada.
Esa primera salida fue muy corta, recorrimos unas cuantas casas del bar hasta tu trabajo, me despedí como un chico tímido, con un simple adiós, no podía hablar, no por falta de palabras sino por exceso de argumentos y te vi cruzar la calle y perderte por aquella puerta que en aquel momento me pareció pequeña para dar entrada a tu grandeza.
Salimos y hablamos en varias ocasiones, yo ya no tan tímido, tu algo prevenida, y te escuchaba y me escuchabas y juagábamos con el tiempo el cual castigaba nuestro encuentra haciendo que perdiéramos las horas con su rápido pasar pero no nos importaba, nunca consultamos el reloj, nunca nos preocupamos por la hora.
Que tan parecido y diferentes podemos ser en el momento, tantas cosas en común, otras tantas de diferencia, el tiempo, la distancia, la cercanía, un beso, el sello, el inicio de la caída paulatina de tu barrera, el inicio de un gran reto, mantenerme.